Las celebraciones de Año Nuevo suelen asociarse con alegría, reuniones y balances, pero para muchas personas también representan una fuente de ansiedad y presión emocional.
El cierre del año impone exigencias sociales, expectativas de felicidad y una acumulación de cansancio que puede afectar el bienestar. ¿Por qué este período resulta tan desafiante?
El doctor Martín Wainstein, profesor consulto de la de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Y director de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica de la UBA explicó a Infobae los factores que hacen que el cierre de año sea especialmente estresante y ansiógeno: “Desde la clínica y también en la calle se observa que el fin de año concentra demasiadas demandas en poco tiempo. Todos vivimos bajo una exigencia global de ‘ser felices’ y lo real es que se superponen cierres laborales, evaluaciones económicas, balances personales y exigencias vinculares que no todas son necesariamente extraordinarias».
A este escenario se suma ese clima cultural que empuja a “estar bien”, a celebrar, a reunirse, prescribe estar ‘feliz’ incluso cuando emocionalmente uno puede no estar en condiciones de hacerlo, explicó Wainstein. “Muchas personas llegan cansadas, con duelos no resueltos, conflictos familiares activos o metas incumplidas, y sienten que no hay margen de tiempo para procesarlo», resaltó el doctor.
Fuente: Infobae
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