Ante la directora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, Magda Campillo Labrandero, abundó: durante un beso de 10 segundos se pueden distribuir hasta 80 millones de bacterias.
Mientras mayor número nos damos, nuestra comunidad microbiana tiende a parecerse más a la de nuestra pareja.
Durante su participación en el seminario de la Red Interdisciplinaria en Neurodesarrollo (RINDe) de esa entidad académica, agregó que el amor en todas sus formas es una manifestación de sentimientos humanos.
En esa convivencia nuestros microbiomas actúan de forma invisible. Cuanto más cercanos seamos, estos se parecen más y se crea un equilibro; pero cuando rompemos con la pareja, recuperamos poco a poco el microbioma individual, apuntó.
Cada emoción que sentimos está vinculada a un conjunto único de hormonas y neurotransmisores que afectan el cerebro y otros órganos, aseveró en el auditorio Dr. Luis Lara Tapia de la FP.
El microbioma puede influenciar la síntesis y el procesamiento de hormonas relacionadas con la atracción, apego y deseo sexual. También participa en la relación directa entre el intestino y el cerebro, lo que se manifiesta en eventos como estrés y colon irritable, planteó.
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