En el Laboratorio de Óptica y Acústica de dicha entidad universitaria, con sede en el campus Morelos, el físico y sus colaboradores elaboraron esos artefactos formados por dos estructuras enfrentadas que crean una cavidad donde campos acústicos demasiado intensos y enfocados generan ondas estacionarias capaces de apresar materiales diversos.
“En la naturaleza, cuando dos ondas se propagan en sentidos contrarios, se produce una onda acústica estacionaria que aparenta que no se está propagando y cambia la amplitud de la presión en algunos puntos, pero en otros no. Esos últimos se llaman nodos de presión, y en ellos se pueden atrapar objetos”, explicó el investigador.
Este fenómeno se basa en la interferencia, propiedad fundamental de las ondas que les permite sumarse o cancelarse entre sí. “La onda estacionaria surge de la interferencia donde las ondas se están propagando en direcciones opuestas en el aire. Nuestro trabajo aprovecha una condición física muy específica llamada resonancia, en la cual la amplitud de la onda es máxima”.
Para generar esa condición, el equipo científico utiliza arreglos de pequeñas bocinas que emiten ondas ultrasónicas. Es importante tener el sistema construido de tal manera que las emitidas y reflejadas interfieran eficientemente. El dispositivo se ajusta de manera precisa para concentrar la mayor intensidad posible en el centro de la trampa, donde generalmente se capturan los elementos.
Aunque diversos laboratorios en el mundo han logrado capturar objetos de geometrías simples, como esferas, el equipo del ICF llevó a cabo una estrategia para inmovilizar organismos vivos de formas más complejas.