Con la llegada de las vacaciones de verano, muchas familias enfrentan una pregunta que parece sencilla, pero que toca temas de salud mental, crianza, organización familiar y neurociencia: ¿qué pasa con niñas, niños y adolescentes cuando se rompe la rutina escolar?
Para especialistas de la Universidad Iberoamericana, las vacaciones no deberían entenderse sólo como un periodo de descanso o entretenimiento, sino como una etapa en la que se desacomodan horarios, hábitos de sueño, alimentación, convivencia, uso de pantallas y dinámicas de cuidado. Por eso, advierten, no se trata de llenar cada día con actividades ni de dejar que el tiempo libre se convierta en una pantalla interminable, sino de construir estructuras flexibles que permitan descanso, juego, aburrimiento, convivencia y seguridad.
La Dra. Perla Xóchitl Leal Galicia, académica del Departamento de Psicología de la IBERO y neurocientífica, explicó que la escuela da algo fundamental para el desarrollo: estructura. Al asistir a clases, niñas y niños tienen horarios para levantarse, comer, trasladarse, socializar, aprender y descansar. Cuando esa estructura desaparece de golpe, pueden presentarse afectaciones emocionales y cognitivas.
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