México 16 septiembre._ Oriundo de Olinalá, pueblo ubicado en la montaña de Guerrero dedicado tradicionalmente al arte en maque o laca, Bernardo Rosendo Ponce, artista plástico, incorpora las técnicas tradicionales a una nueva propuesta para el diseño de artesanías de Olinalá, reconocidas internacionalmente.

El maque, explica en entrevista, se puede describir como un recubrimiento de origen vegetal que se tiñe y se va poniendo en capas. “A los maques mexicanos se les llama lacas por su tremenda similitud con las lacas orientales, a simple vista pareciera que es el mismo material, luce igual, tiene una textura muy similar pero los maques tienen como base minerales y aceites y las lacas son producto de una resina de un árbol precisamente que se conoce como el árbol de la laca”.

El artista originario explica que en Olinalá una gran parte de la población crea este tipo de arte tradicional, siguiendo métodos de origen milenario, documentado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y cuyas técnicas son comunes en toda Mesoamérica. Sin embargo, precisa, hoy en día únicamente se pueden encontrar lacas mexicanas en los estados de Michoacán (Uruapan y Peribán); Chiapas (Chiapa de Corzo) y en Guerrero (Olinalá), este último, dice, es el centro artesanal más importante en América en su tipo.

Autodidacta

Estudió Relaciones internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México, no obstante, decide cambiarse a la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, aunque se considera un artista autodidacta.

Bernardo Rosendo se especializa en el retrato, pero también le gusta hacer caballos o retratar paisajes de la vida cotidiana en aquel rincón del estado de Guerrero. Como parte de su trabajo, dice, ha experimentado a la creación de nuevos diseños, nuevas propuestas de la artesanía tradicional, como las famosas cajitas de Olinalá que, principalmente por su aroma, son únicas.

Los orígenes, dice, son jícaras, bules, guajes, bandejas, pero se hace una gran diversidad de objetos, desde miniaturas que sirven para adornos, aretes, pulseras, etcétera, hasta recámaras y comedores.