Dos pinturas de carácter litúrgico, del siglo XVIII, retornaron a su lugar de origen en el Templo de San Lorenzo Zimatlán, en los Valles Centrales de Oaxaca, el 13 de agosto de 2026, tras permanecer bajo resguardo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), después de los sismos registrados en 2017 y 2018.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que “un patrimonio protegido cumple su propósito cuando vuelve a la comunidad que le da sentido. Su restitución, después de haber sido salvaguardadas ante los sismos, muestra que la protección del patrimonio se construye con responsabilidad pública, trabajo especializado y colaboración de la sociedad”.
La recuperación de estos bienes muebles asociados al monumento histórico fue posible gracias al trabajo conjunto entre el Centro INAH estatal y la Arquidiócesis de Antequera de la entidad, con el fin de contribuir a la conservación y protección del patrimonio cultural de la comunidad del municipio de Zimatlán de Álvarez.
Patrimonio
Las obras alcanzan 3 metros de altura por 7 de ancho, su manufactura presenta un soporte de lino con una base de preparación de almagre roja y policromías con pinturas al óleo, técnica propia de la época colonial, informó la restauradora perito de la Sección de Conservación y Restauración del Centro INAH Oaxaca, Marina Corres Tenorio, quien estuvo a cargo de las gestiones de la entrega.
En atención a la solicitud del presbítero Aureliano Díaz Jiménez, personal especializado realizó labores para su adecuado montaje en los muros norte y sur del coro del templo, donde permanecerán bajo la custodia de la localidad.
Debido a los daños resultantes de los siniestros referidos, el inmueble tuvo que ser rehabilitado, por lo que las pinturas –que no sufrieron deterioros– fueron desmontadas y embaladas para su salvaguardia, refirió la especialista.
Denominadas El infierno y El juicio final, las obras se encuentran en buen estado de conservación. “Nuestra labor -detalló Corres Tenorio- consistió en retirar el embalaje, realizar una limpieza profunda en superficies y colocar las pinturas en su sitio original, anexando una alcayata más para sostener los bastidores al muro”.