Las personas migrantes transitan, se establecen y construyen formas de vida cotidiana; como agentes de cambio social llevan a la nueva localidad de residencia las comidas que consideran indispensables y los sistemas alimentarios se transforman en torno a las prácticas de consumo de estas poblaciones.
Lo anterior quedó de manifiesto en la primera sesión del seminario a distancia “La ciudad y sus patrimonios”, del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM, en donde el investigador posdoctoral del Instituto de Investigaciones Jurídicas de esta casa de estudios, Wilfredo Alaniz Pérez, destacó:
Los procesos de movilidad humana y sus formas de desplazamiento, ya sea de manera regular o irregular, influyen directamente en su experiencia de vida; y en este procedimiento hay una gran desigualdad.
Desplazamiento
El también investigador del Seminario Universitario de Estudios sobre Desplazamiento Interno Migración Exilio y Repatriación recordó que la movilidad humana, según la ONU, se refiere al desplazamiento de personas de un lugar a otro en el ejercicio de su derecho a la libre circulación, motivado por razones voluntarias o forzadas para permanecer en el punto de destino.
El doctor en Derecho y Globalización comentó: Estos procesos llevan a pensar que las transformaciones recientes en los corredores migratorios de las américas y en la gobernanza han motivado que algunas ciudades se consoliden como nodales. Es decir, no ocurre solamente en las fronteras, sino en las urbes en las que transitan, se establecen y construyen formas de vida cotidiana.
Ejemplo de ello, añadió Alaniz Pérez, es la Ciudad de México donde se ha observado en los últimos años incremento de la población migrante en tránsito y asentamiento, diversificación de los perfiles, aumento de albergues y espacios de atención, así como presencia de campamentos y zonas de movilidad.