Los usuarios y las industrias dependen cada vez más de la conectividad, en especial de la de fibra óptica, cuya red gracias a su composición de miles de filamentos de vidrio permiten enviar información a una capacidad de alta velocidad y menor latencia.
En México, el número de suscripciones de banda ancha, tanto fija como móvil, a través de fibra óptica por cada 100 habitantes pasó de 56 en 2021 a 68 en 2025, implicando un crecimiento del 21.4%, según datos del Índice de Desarrollo Digital Estatal (IDDE) 2025.
Desde la pandemia, los operadores de telecomunicaciones fijos –Izzi, Megacable, Totalplay, Telmex– y móviles –Telcel, AT&T– enfocaron sus esfuerzos a ampliar y cambiar las redes de cobre a fibra para hacer frente a la mayor demanda de conectividad en las industrias como para usuarios finales para temas de trabajo y de entretenimiento.
A primera vista, la fotografía muestra un avance en términos de infraestructura, cobertura y una base de usuarios en expansión. Pero detrás del crecimiento se esconde una paradoja: aunque el país está más conectado a fibra, la calidad de la conexión aún es rezagada frente a estándares internacionales.
Fuente: Expansión